Noticias

Los "Locos"

Por Luis Felipe Rodríguez Palacios.


Es el mediodía. La gente lleva varias horas apartando un lugar, algunos llevan paraguas y sillas o bancos para las personas mayores que quieren estar presentes en el desfile y no perder detalle. A la hora de comer será el platillo principal de la plática y de la sobremesa. Pero por ahora hay que soportar el calor del fogón porque se está cocinando el desfile. Por fin se ve allá a lo lejos que vienen los primeros carros alegóricos. La música precede la columna y no cesará hasta que haya pasado el último. Cada día hay más carros y más personas. Muchos, vienen de lejos para ver este desfile pero también varios, muchos, para participar. Juan Manuel Serrat dice que: en la fiesta de San Juan todos comparten su pan, su mujer y su gabán, gentes de cien mil raleas. Y aquí, no tan compartidos como en esa canción pero sí mezclados, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, lugareños y fuereños se han ido reuniendo en un lugar en las goteras de la ciudad para llegar en caravana hasta el centro mismo de San Miguel. 


Originalmente la fiesta era en el templo de San Antonio y tenían como patrono a San Pascual Bailón pero hoy muchos no van a la misa que se oficia por ellos y tampoco regresan, como antes, a seguir bailando en el atrio que entonces no había pues era un solar muy grande frente al templo. La colonia de San Antonio estaba poblada de huizaches, mezquites, órganos y magueyes. Como no había los medios de difusión de hoy, la forma de invitar al pueblo a la festividad era llevar el “convite”; lo mismo se hacía de parte de otros barrios (el de San José lo sigue haciendo), el circo y otros espectáculos que llegaban al pueblo. 

Pero, ¿quiénes son los “locos”?, ¿los que soportan el calor debajo de un disfraz y bailan hasta el agotamiento? ¿O quienes están por horas esperando el paso del atractivo desfile que serpentea por las principales calles de la población? Nadie los conoce y todos los vemos. Gente de todas clases sociales participan en los diferentes cuadros. De todos los rincones salen grupos que se adhieren a algún cuadro. Los originales son el Cuadro del Parque y de éste se derivan todos los demás como el Cuadro Antiguo y de éste surgirá el del Tecolote y así, el Cuadro Nuevo surge en los años cincuentas con don Luis Muñoz a la cabeza y más adelante hasta su muerte el “Chipotas” y le seguirá doña Angelita, de este cuadro saldrá otro grupo que se puso el nombre de “La Mojiganga” que encabeza Emilio el “Gordo”Ledesma. Durante muchos años también el “Cachir” tuvo su grupo hasta su muerte, tan reciente como prematura. 

Hablar de todos sería imposible pues algunos tienen poco tiempo de participar, de los más antiguos podemos decir que don Cruz Patlán era uno de los principales; estuvo al frente del Cuadro del Parque y recientemente falleció. Esta vez hablaré un poco de uno de ellos, con más de cincuenta años bailando, lo conocemos como el “Gordo” aunque de gordo tenga muy poco en todo caso le quedaría mejor el “Largo”. Él me dice que ese apodo se lo puso don Paco Garay cuando era muy pequeño pues su padre trabajaba como encargado del taller mecánico de la Fábrica la Aurora. El “Gordo” nació en San Miguel de Allende, estudio serigrafía en Bellas Artes con una beca que le dio don Salvador García, pero como ésta no incluía los materiales estuvo a punto de desertar cuando una señora que venía de México le pidió que a cambio de los materiales que necesitara él le limpiara las pantallas –que se lavan con thinner-. También incursionó en otras artes, le apasionó la dramatización al grado que tiene varias piezas de su autoría como un “Don Juan Locorio”, una parodia de la obra de Zorrilla, incluso la llevo al teatro. Su primer contacto con los “locos” fue un rechazo total; lo tiene presente en la calle de Mesones en donde vio pasar el convite para la fiesta en San Antonio y su primera reacción fue: -¿Qué no les dará pena andar en esas fachas? Cuando enfermó y su caso no pudo resolver la ciencia médica se puso en manos de San Pascualito y le ofreció: -si me curas, te bailaré mientras pueda. El santo cumplió y él… también. Muchos años después a raíz de un accidente, amenazado de amputarle una pierna volvió su rostro nuevamente a su patrono y el médico no podía creer que estuviera sano: -usted no puede hacer eso, ¿quién lo curó?, -alguien que sí puede, respondió. 

Otro “loco” de toda la vida es Braulio Correa Pérez quien participó mientras Dios le dio salud pues en su caso fue por herencia familiar ya que su abuelo materno fue don Amado Pérez de oficio panadero su participación fue contribuir en lo que más se destacaba y era en la elaboración de máscaras, al igual que, al fin colaborador del “Santero”, adornando los carros alegóricos. Su entusiasmo era proverbial, al lado de sus hermanas Cata y Pera, desde muchas semanas antes estaba moldeando en corcho sus máscaras, después en barro y más tarde en yeso. A doña Cata se le ilumina el rostro cuando recuerda las horas que gustosamente dedicaba para que todo el grupo estuviera uniformado en un tema, siempre vistoso, siempre llamativo. Tristemente componiendo un carro alegórico para el desfile, al bajarse del carro se lastimó una pierna y, como tenía diabetes interna, se inició un calvario que lo tiene postrado desde hace ya varios años. Hace poco falleció don Cruz Patlán, el “Camotero” quien era uno de los más antiguos y quien desde niño participaba en los “Hortelanos” de donde se derivaron los “locos”. De los jóvenes pero muy entusiastas podemos mencionar también a: Jesús González Martínez el “Cachir” quien formó un grupo con familiares y amigos 

¿Cuándo empezó? Al parecer se originó de aquellos personajes que acompañaban a los Hortelanos en las fiestas de San Pascual Bailón, el Lic. Leobino Zavala consigna que “…en las postrimerías del siglo XIX y principios del XX (…) Amado el panadero, aquel Amado narices anchas que siempre salía de “loco” en la danza de los hortelanos, con su máscara de cartón (…)su sombrero con una pluma de guajolote, su vestido de percal estilo payaso, un chicote o una larga vara en la mano, una jaula a la espalda con una rata muerte o un tecolote en el mismo estado encerrados en ella y una ardilla o o un tlacuache disecados, repletos de aserrín, que amorosamente arrullaba entre sus brazos, como si fuera un niño, mientras bailaba incansablemente, haciendo sonar los cercos de cascabeles que llevaba en los tobillos, sobre unos enormes zapatos de vaqueta” (Tradiciones y Leyendas Sanmiguelenses). Por otra parte don Carlos Diez de Sollano en su Cuadros de costumbres “Las fiestas de San Miguel”, en 1927, al describir la entrada de los xúchiles en la fiesta de los naturales para el patrono de la ciudad dice: “No faltan, completando la diversión, los “locos”, especie popular de payasos que visten grotescos trajes y usan máscaras, algunas muy interesantes, y se mezclan entre la gente (…) tienen un oficio muy importante: retirar a la gente que poco a poco va oprimiendo el círculo de la danza y estorba sus movimientos”. 

Al enfermar don Antonino Vázquez trató de que alguien se encargara de continuar con la danza de los “Hortelanos”. Durante una fiesta de San Antonio trató de que alguno de los encargados que organizados en primer capitán, segundo capitán, tercer capitán, etc. nadie aceptó, entonces se la ofreció a doña Beatriz quien durante 34 años, apoyada por su esposo don Lupe se ha encargado de la imagen, la más antigua de las que existen. Sostener la tradición de los “Hortelanos” es una tarea muy difícil pues el público que esta danza ingenua tenía ya no existe y la desaparición de músicos como don Inés terminaron por sepultarla. Hoy en día el gusto se ha cambiado para los “locos” y aunque participaban algunos en el Cuadro Antiguo se les han sumado otros y han formado el cuadro del “Tecolote”. 

De los “Locos” historias y anécdotas sobran, espacio falta, así que... habrá más... 

 Y hoy el noble y el villano, 
 el prohombre y el gusano 
 bailan y se dan la mano 
 sin importarles la facha. 
 (Juan Manuel Serrat)

No hay comentarios.